Reflexiones de Maggie, la gata

Memorias de África

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Bajo un cielo abierto, arrebatador e irreverente, en medio de la inmensa y salvaje sabana africana…un hombre y una mujer se aman de la forma más hermosa y sutil, que nadie, pueda haber imaginado nunca.

La frase que precede a la sensual escena, es una pregunta, una pregunta que hace Redford…algo parecido a… ¿quieres que te ayude?…esa frase, esa cuestión, formulada de un hombre como Redford, en medio del paisaje africano, daría paso a la escena más sensual y erótica que haya dado la historia del cine. Sin sábanas, claro.

Sublime, el momento en el que Meryl echa la cabeza hacia atrás y se abandona. Sí… lo hace… se abandona, se rinde, porque no hay forma humana de resistir esa pasión y mantenerse de pie. Se rinde ella y lo hacemos todas…echa atrás la cabeza, respira hondo y lo hacemos todas ¿o no? Casi se puede sentir… el olor a heno fresco mezclado con el aroma del jabón artesano…Redford, vierte despacio la jarra de agua fresca sobre la nube de espuma ,que se ha formado, en ese pelo enmarañado y ahí ya….el mundo entero desaparece para ellos, y para el resto se pone bocabajo. El sol implacable brilla, autoritario, sobre la melena mas envidiada del planeta. ¡¡¡Qué forma!!! Qué manera, por el amor de Dios, de amar a alguien, recuerda la frase con la que comienza la película, haz memoria… nunca mejor dicho… yo tenía una granja en África…

Todos los que vivimos el cine, los que hemos visto y revisto, tan innegable obra maestra. Todos los que nos hemos sentido morir inmersos en esa escena, también podremos decir, para los restos, que una vez tuvimos una granja en África… esta gata… también.

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