Fellini dice...

Humanos como pulpos

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Ayer fue un día muy estresante para mí. La humana que me venera tenía un invitado, y cuando vienen extraños a casa, yo me asusto mucho. No me gusta un pelo de hámster la gente desconocida. Nunca sé que pretenden de mí, y me cuesta mucho saber cómo debo comportarme. El otro día vino un hombre, yo, escondido bajo la mesa, pude ver que era muy alto y flaco. Me recordó al gato rubio del cachorro humano del bloque de enfrente. Al pobre rubio lo tienen matado de hambre, cosas del veterinario creo, pero para mí que se están excediendo. Si sigue la cosa así, no tendré más remedio que idear un plan para que coma algún insecto o ratón…me mira con unos ojos de pena tal, que se me eriza cada cabello de mi peludo cuerpecito.

A lo que iba, quedaron mi humana y el larguirucho para ver  “El gran carnaval” de Billy Wilder. Pude observar que, la mayor parte de la película, transcurre en una especie de cueva, donde se halla un señor atrapado, luego aparece otro que quiere ayudarle. Aunque a mí me pareció que le apetecía dejarlo allí sufriendo, no me preguntéis la razón. Dijeron los humanos, que uno de los protagonistas, se llama Kirk Douglas, me daba miedo verle. Era apasionado, incluso agresivo en su forma de moverse o hablar. Si tuviera un humano así viviría aterrorizado. Creo que el final fue impactante, no lo pude ver porque me quedé un poco dormido, esconderse me produce sueño. Los humanos no paraban de hablar sobre ello, parecían emocionados y sobrecogidos. Ya me contaréis el final si os animáis a verla…me entró curiosidad.

Sí, humanos como pulpos

Por cierto, el encuentro entre humana y larguirucho acabó peor que el mío con la gatita negra y blanca del portero (la muy bruja me citó solo para que viera como se entregaba a las zarpas del siamés). En un momento determinado, el larguirucho se abalanzo sobre ella. Sacaba una lengua más larga que la serpiente de aquel documental de la 2, y sus brazos, de repente, se multiplicaron por cinco sobre el cuerpo de mi humana. Esta le arreó tal bofetón que se le descolocaron las cejas. El pulpo humano se marchó sin decir palabra, rojo como un tomate y temblando. Mi humana se echó a llorar, en ese momento salí de mi escondite a toda velocidad. Me acurruqué a su lado, ella me abrazó, me besaba entre lágrimas. Hay días en los que quisiera poder llorar…

 

Susana Alba Montalbano - Escritora y articulista en gabinetedepsicologia.com. Amo el arte, los artistas y que me leas tú.

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