Cuéntame un cuento

Mi romance con Sherlock Holmes

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Capítulo V

                                   El encuentro

De entre las sombras apareció la figura de Arthur Conan Doyle. Caminaba muy erguido, tenía dibujada una sonrisa entre socarrona y desafiante. Sin duda mi aspecto le debió parecer muy cómico. En bata, con un cuchillo entre las manos, y expresión de ratoncillo asustado. Recordé sus palabras, idénticas a las mías cuando le visité: “No te asustes esto es un sueño”. Inmediatamente comprobé si era así dirigiendo mi mirada el reloj de la cocina, después cerré los ojos y volví a mirarlo. Entre un parpadeo y otro habían pasado dos horas, señal inequívoca de que estaba soñando. Doyle me observaba. Sabía lo que estaba haciendo y no paraba de sonreír. Mantenía las manos en los bolsillos, se sentía seguro y satisfecho de haberme desconcertado.

  • Sí – dijo al fin- está dormida, y nos hemos encontrado en los sueños. ¿Acaso creía que era la única que podía hacerlo?
  • Usted no ha hecho nada, -respondí enfadada tras depositar el cuchillo en la mesa de la cocina- este es mi sueño y usted es producto de mi imaginación.

Doyler soltó una risotada. Sus ojos claros y fríos no dejaban de taladrarme.

  • ¿En serio yo no existo en este momento? He entrado en su mente, en su mundo onírico. Puedo ver todo lo que usted ve. Me estoy maravillando…cada objeto es más extraño, más deseable para mí…¿qué demonios es eso?

Dirigí mi mirada hacia donde señalaba su dedo. No era otra cosa que una batidora de mano eléctrica. Entonces tuve una idea pueril y malvada.

  • ¡Buf! Algo fantástico. Un purificador del aire. Lo remueve todo y oxigena con sus cuchillas…

Le miré fijamente, después del susto que me había pegado, me resultaba difícil ser simpática con él. Parecía sorprendido por mi definición del objeto, después frunció el ceño, y se acercó un poco más a mí.

  • No tenemos mucho tiempo, siento que estoy a punto de despertar. ¿Por qué vino a verme? Necesito saber la razón. ¿Trae algún mensaje del futuro para mí? ¡Rápido!

De repente un sonido irritante y estridente lo invadió todo. Noté como mi cuerpo caía al suelo a cámara lenta, la visión se volvía borrosa. Perdía el control. Entonces me incorporé de golpe, estaba en la cama, y el despertador no dejaba de molestar. Era hora de ir a trabajar, ¿quién piensa en ir a trabajar después de haber tenido la visita de Arthur Conan Doyle?

Mi querida Elena

Confieso, que tras la visita del escritor, me había quedado en el cuerpo una extraña sensación. Me sentía angustiada, principalmente porque no comprendía demasiado bien lo que había sucedido aquella noche. No me parecía un sueño lúcido, y eso me inquietaba. Acudí a mi querida Elena. Era mi enciclopedia personal sobre hechos extraños y paranormales, siempre tenía una explicación que ofrecerme. Además, me lo contaba todo con una serenidad tal, que conseguía calmarme aunque me hubiera encontrado con Drácula en una esquina afilándose los colmillos.

  • Mira, definitivamente creo que lo tuyo no son sueños lúcidos – sentenció tras reflexionar unos minutos. Elena nunca hablaba a la ligera.
  • ¿Cómo que no?- dije preocupada – …¿Entonces?…

Elena rió ante mi cara de susto

  • Pienso que conseguistes crear un sueño lúcido, y una vez en él, conectaste con la energía de Conan Doyle. Él te ha correspondido, ¿ahora qué pìensas hacer? Has despertado su curiosidad.
  • ¿Hacer?- pregunté desconcertada tras dar un pequeño sorbo a mi té con limón- ¡Yo que sé! A mí todo esto me viene grande, lo único que quería era vivir durante unas horas en un mundo perfecto creado por mí… ahora tengo un intruso dentro…

Elena dejó sobre la mesa la galleta que estaba mordisqueando, se acercó a mí para agarrarme las manos y mirarme con dulzura a los ojos. Sonaba música de Enya, la casa de Elena siempre me había resultado un lugar armonioso y lleno de serenidad.

  • Corazón, como siempre te digo, disfruta el momento. Déjate llevar, no intentes controlarlo todo, ni veas un peligro en cada imprevisto de la vida. ¿De verdad es tan malo conectar con la energía de un gran escritor? A mí me parece un regalo.

Apreté con fuerza las cálidas manos de Elena. Después le abracé, y tras unos minutos en silencio, sintiendo cómo me transmitía toda su fuerza y cariño, le susurré: “Es que me da tanto miedo la vida…”

Un baño accidentado

Regresé a casa con un extraño estado de ánimo. No sabía si sentirme feliz por estar viviendo una excitante aventura espiritual, o amargarme porque a partir de ese momento dormir se convertía en un pequeño estrés para mí. Decidí disfrutar de un relajante baño de espuma. Me los preparaba muy pocas veces por eso de ahorrar agua, pero realmente mi cuerpo necesitaba una dosis extra de relax. Lo dispuse bien caliente, con mucha espuma perfumada de vainilla, y pétalos de rosa para darle un toque cinematográfico. Eran pétalos resecos de un popurrí de los chinos, pero para la estética que deseaba conseguir me valía, tampoco era momento de ponerme muy exquisita.

Cuando mi cuerpo entró en contacto con el agua caliente y perfumada, inmediatamente noté como mi mente se vaciaba lentamente de preocupaciones. Comencé a respirar pausadamente, entonces sentí que la terrible contractura que había estado martirizando mi hombro todo el día, se soltaba con una facilidad pasmosa. Todo era paz, armonía, descanso, ensoñación…

  • Qué aroma más agradable- oí que decía una voz masculina.

Abrí los ojos inmediatamente, y casi choqué mi cabeza contra los azulejos, cuando vi a Doyle sentado en un taburete junto a la bañera. Tenía mi albornoz sobre sus piernas, y no paraba de acariciarse la barbilla mientras fijaba su mirada en la mía. No me sentí incómoda en ningún momento, ni temí que pudiese realizar algún tipo de acto violento hacia mí.

  • Me he dormido en la bañera- casi susurré-, luego voy a estar helada… ¿qué quiere? ¿Por qué no se ha esperado a que estuviese lista para volver a visitarle?
  • Después del susto que se llevó, dudaba de que lo hiciese…y yo necesito saber.
  • Pero yo…
  • Evidentemente no le pido información a cambio de nada- me interrumpió- Me he dado cuenta de que su verdadero interés, más que conocerme a mí, era entrar en contacto con Sherlock Holmes. Sin embargo, no lo consiguió. Yo puedo hacer que le conozca.

Pactos

Al escuchar su interesante propuesta me incorporé de golpe, sin percatarme que dejaba al aire mis pechos lozanos. Afortunadamente estaban muy cubiertos de espuma, y Doyle apenas tuvo tiempo de ver nada, ya que inmediatamente volví a sumergirme en el agua provocando un gran chapoteo que salpicó sus zapatos.

  • Hija mía…- murmuró un tanto divertido, se estaba secando los zapatos con mi albornoz. Qué simpático era Doyle- No olvide usted que soy médico, no hay nada que tenga que no haya visto ya un millón de veces.
  • Lo sé – respondí un tanto irritada-. Pero no está aquí en calidad de médico. En cuanto a su propuesta…
  • ¿Sí? – volvió a fijar sus fríos ojos en los míos, me pareció sentir cierta ansia en ellos.
  • Explíquese más extensamente por favor.
  • Es muy sencillo – respondió tras encender un cigarro-. Yo puedo crear un relato donde usted y Sherlock Holmes sean protagonistas, venir a visitarla y leérselo mientras duerme. Conseguiremos que se convierta en un sueño lúcido, y así podrá conocer a ese engreído de Holmes.
  • ¿Es posible hacer eso? – pregunté muy asombrada, estaba jugueteando con uno de los pétalos secos. Fascinada e incrédula por lo que me estaba sucediendo.
  • Por supuesto, confíe en mí- en su cara había dibujado una media sonrisa-. Incluso tengo ya pensado el título del relato, “La dama que nunca llevaba sombrero”. ¿Qué le parece?

Sus últimas palabras empezaron a retumbar en mi cabeza como si de un eco lejano se tratase. Comencé a verlo todo blanco, y a temblar con tanta intensidad,  que hasta me castañeaban los dientes. Saqué la cabeza del agua y di una bocanada para aspirar aire. Sin duda, mientras dormía había acabado por sumergir el cuerpo entero. El agua estaba helada, y yo con ella. Salí rápidamente del cuarto de baño, y tras secarme con celeridad, me metí en la cama con varias mantas encima para entrar en calor. “Y ahora que voy a conocer a Sherlock, seguro que me agarro una gripe histórica”- era en lo único que podía pensar entre castañeteos y temblores… Entonces me fijé en el espejo de mi habitación. Alguien había escrito lo siguiente: “Mañana por la noche”. Ya no temblaba de frío.

 

Susana Alba Montalbano - Escritora y articulista en gabinetedepsicologia.com. Amo el arte, los artistas y que me leas tú.

6 Comments

  1. Migual Vicens Riera

    26 enero, 2018 at 8:05 pm

    Interesante y bello articulo”Mi romance con Sherlocck Holmes” Tengo toda la serie de Granada TV ,en las dos distintas épocas donde el Dr.Watson es interpretado por los dos actores distintos. Gracias un saludo !

  2. Jose Pinar

    28 enero, 2018 at 10:05 am

    Vaya…a mí me parece que el romance va a ser con Sir Arthur,eso sí, cuando dejes de amenazarle con un cuchillo…y pétalos de rosa chuchurrios.Me ha gustado muchísimo.

    • Susana Alba Montalbano

      28 enero, 2018 at 11:38 pm

      Me alegro, paparajote

  3. Elena

    29 enero, 2018 at 10:13 am

    Como siempre, me ha encantado, querida Susana.
    ¡Qué pena que sea tan corto! Espero que se convierta en un libro.
    Interesante, ameno y curioso.
    Espero impaciente el siguiente.

  4. ISIDRO

    30 septiembre, 2018 at 4:31 pm

    Muy interesante. Holmes siempre ha sido uno de mis personajes favoritos de la literatura y el cine. A mi recuerdo vienen las imágenes de Basil Rathbone, Peter Cushing, Jeremy Brest… y tantos otros que lo interpretaron en el cine y la television.Recuerdo, gratamente,la serie de tv que Peter Cushing interpreto en los años 70. Muy bueno, Susana.

    • Susana Alba Montalbano

      30 septiembre, 2018 at 6:52 pm

      Muchas gracias!

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