Cuéntame un cuento

Diario de un “TOCmento”

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Introducción

Siempre fui una niña un tanto extraña. Me daba miedo todo, y hasta me asustaba de la sombra de mi sombra. Tampoco resultaba especialmente agraciada, así que nunca llamé la atención en la escuela y no fui muy popular. Las maestras tampoco me ayudaban demasiado cuando se me veía ausente o un tanto rebelde. Ellas ya habían decidido quienes eran las triunfadoras, y quienes las fracasadas. Yo era de las últimas. Quizás tuvieran razón.

En mi hogar, las cosas iban de muy bien a terribles. Dependía mucho del estado anímico de mi padre, y de si le apetecía o no correrse juergas tanto alcohólicas como sexuales con señoras de moral distraída.Vamos, tan distraída como la de él. Mi madre sufría, se enfermaba, y en alguna ocasión incluso le puso las maletas en la puerta. Sin embargo las aguas volvían a su cauce tras un largo periodo de tempestad. Ellos creía que todo volvía a su ser. No era cierto.

Mis nervios se resentían, me enloquecían las horas de espera cuando mi padre se ausentaba, y temía su llegada a casa. Verle borracho, pegar a mi hermano, gritar y amenazar con asesinarnos con su pistola reglamentaria era algo habitual. Tras esos días tumultuosos, mi padre se calmaba. Entonces se convertía en un hombre amable, cariñoso y divertido. Le quería con toda el alma, pero también le temía y odiaba. Una enorme montaña rusa de sentimientos para una niña tan pequeña.

En el colegio, las dulces monjitas eran tan cariñosas conmigo como satán con un gatito. Era invisible, y mediocre para su gusto. Quizás sea así, pero eso no les daba derecho a lastimar mi autoestima. A partir de tercero, ir al colegio dejó de ser una evasión, y un lugar donde sentirme segura. Se convirtió en un sitio más donde sentirme estúpida y sin utilidad en el mundo.

Únicamente llame especialmente la atención de una de las religiosas de sexto curso. Vio en mí una monja en potencia, e intentó lavarme el cerebro durante todo el año. No lo consiguió. Antes que monja hubiera sido desactivadora de minas perdidas de la I Guerra Mundial. Creo que mi escaso atractivo físico de entonces, junto a lo apocada que era, le confundió bastante. A parte de eso, pasé sin pena ni gloria por la E.G.B., solo causaban interés mis repentinas lipotimias a causa de mi anemia. Por lo demás…

Desde cría sentí que era distinta y que me pasaban cosas raras. Me agobiaba sin motivo, tenía ataques de pánico y fobias, además me solía obsesionar con ideas extrañas. Ahora sé ponerle nombres a lo que sentía, entonces simplemente eran cosas raras que me asustaban. El TOC ya estaba en mi vida y aún no me había dado cuenta…

Autora: “La hermana de Jesús”

Susana Alba Montalbano - Escritora y articulista en gabinetedepsicologia.com. Amo el arte, los artistas y que me leas tú.

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