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José Montiel: “Todos hemos sido Caralampio alguna vez”

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Fotografías: Chema Pombo

El boca oreja siempre suele funcionar muy bien. Cuando alguien ve un espectáculo que le ha encantado, lo suele comentar inmediatamente. Es una manera de repartir un poquito de felicidad a los demás. De esta manera me llegó a mí el trabajo que estaba realizando el actor José Montiel, en el Teatro de las Aguas de Madrid cada viernes por la tarde.

Está representando la obra “El (no tan) fantástico mundo de Caralampio”, cuyo texto ha escrito él, y se enfrenta a un personaje tan complicado como Caralampio con absoluta sencillez y verdad.

Cuando vi la obra me enamoré de Caralampio, de la historia, y del talento de José Montiel. La obra es dulce, tierna, dura, cruel… empatizas con el personaje inmediatamente, y cuando acaba necesitas saber más de Caralampio. Yo lo intenté entrevistando a quien le da vida, os aseguró que la historia de Montiel os va a encantar.

«Cuando tomé la decisión tuve mucho miedo, pero sabía que era lo correcto»

José, ¿dejarlo todo para dedicarse a la interpretación da mucho vértigo?

Claro que sí, pero no me arrepiento de haber tomado esta decisión. Yo vivía bien, ganaba bastante dinero como recepcionista de un hotel, pero sentía que me faltaba algo. Cuando tomé la decisión tuve mucho miedo, pero sabía que era lo correcto.

¿Antes eras infeliz?

No exactamente. Mi trabajo me gustaba, pero sentía que no era mi camino. Incluso el cuerpo me hablaba, porque lo notaba dolorido hasta que decidí dejar de ser recepcionista. Pasó algo en concreto en el hotel y supe que era el día adecuado para irme.

Pero imagino que durante este tiempo te habrás ido formando como actor, además creo que en tu familia materna hay mucho arte…

¡Sí! Mi madre es una artistaza porque pinta, canta, escribe poesía y ha hecho teatro. Su padre tocaba el violín y el saxofón…como dices, hay mucho arte. Por mi parte, ya de pequeño hice en el colegio una versión infantil de “La fierecilla domada”, en el instituto me apunté a teatro y es cuando descubrí que era lo mío. Después hice Turismo, y finalmente me marché a Córdoba a estudiar Arte Dramático donde tuve excelentes profesores.

«No he interpretado antes a este personaje porque no podía enfrentarme a ello»

¿Se asustaron mucho los tuyos cuando decidiste dedicarte de lleno a la interpretación?

Mira, tardé en decirlo un mes porque no quería ser intoxicado mientras tuviera miedo. Cuando ya no había marcha atrás es cuando se lo comuniqué a mis padres, y cual fue mi sorpresa que me apoyó toda la familia.

Centrémonos en Caralampio ¿cómo surgió el proyecto?

Surgió hace doce años, el texto lo había visto en mi escuela de Arte Dramático. Leí un libro de monólogos, escrito por diferentes autores, y pensé que unos textos pegaban con otros, que cierto poema de Neruda podría servirme de introducción… fui jugando con los textos y conseguí crear una historia que todos hemos podido vivir. Caralampio refleja un sentimiento de soledad que no es real, porque nunca estamos solos. Nos tenemos a nosotros mismos, algo que he descubierto hace poco y empiezo a disfrutar. 

Creo que todos hemos sido Caralampio alguna vez, y le hemos criticado en otras ocasiones. Es un drama disfrazado de comedia. En realidad, no he interpretado antes a este personaje porque no podía enfrentarme a ello. Me reconocía demasiado en él. Ahora le veo desde la distancia y sí puedo hacerlo.

¿Te proteges de alguna manera para evitar que los personajes te afecten más de lo deseable?

Partimos de la base de que yo me subo al escenario a jugar. Si el personaje te toca más de lo debido, tienes que mirártelo porque no estás bien. Cuando la historia puede contigo es conveniente dejarlo, no es sano.

«Cuando acabo la función me siento cansado y satisfecho»

José, mantener la concentración durante 50 minutos llevando tú solo todo el peso de la función debe de ser duro ¿cómo lo consigues?

El año pasado, en septiembre, estuve en una escuela de Budismo de Malasaña llamada Kadampa. Ofrecían una semana gratuita y me apunté, desde entonces no he dejado de ir. El meditar casi a diario, y las clases de budismo, son de gran ayuda para engancharme a mi personaje de principio a fin. He mejorado mi concentración muchísimo, e intento estar un rato meditando antes de subir al escenario.

¿Al terminar la obra acabas exhausto o eufórico?

Verás, gracias al budismo y al trabajo interior que estoy haciendo, no hay picos de euforia en mi vida porque de la euforia se pasa al desaliento con rapidez, y eso es muy cansado. Cuando acabo la función me siento cansado y satisfecho, hago examen de lo que se puede mejorar pero siempre evitando los altibajos.

Una curiosidad, ¿en quién te has basado para construir a Caralampio?

Desde el punto de vista físico, he mirado mucho hacia Chaplin y Steve Urkel, además de fijarme en el cine mudo. Caralampio es muy expresivo, y ellos me han ayudado a conseguir lo que quería. También comencé a caminar por la calle como lo haría él, e incluso escuchar la música que le gustaría, imagínate las reacciones de la gente.

Además de seguir dando vida a Caralampio en el Teatro de las Aguas ¿qué otros proyectos tienes?

He creado varias escenas cortas con las que quiero construir una historia larga. De no venderse así, lo haría en microteatro. Son historias  de unos 20 minutos, con mensaje y cierta comicidad. Cuando la gente acude al teatro, me gusta que se de cuenta de que existen más realidades que la suya y que también son muy válidas. 

Susana Alba Montalbano - Escritora y articulista en gabinetedepsicologia.com. Amo el arte, los artistas y que me leas tú.

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