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Amparo Pamplona: “ La energía del público te influye muchísimo sobre el escenario”

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Fotografías: Chema Pombo


Quién nos iba a decir a Amparo Pamplona y a mí, que después de aquella entrevista el mundo se iba a volver aún más loco. Quizás por eso recuerdo con mayor nitidez todo lo que hicimos aquel día. La charla mientras bebíamos algo en una terraza, las risas de la gente, los juegos de los niños que se juntaban unos con otros sin temor. Las mascarillas y el gel desinfectante, aún no tenía cabida en nuestra realidad. Todo era hermoso y lleno de luz, aunque cada uno tuviera sus problemas.

Menos mal que tuve tiempo de conocer a Amparo Pamplona. Una actriz brillante y bellísima que siempre había admirado. No sé por qué, pensé que tantas cualidades harían de ella una mujer poco cercana. Lo que se puede equivocar una. Amparo es encantadora, alegre y muy cercana. en esta entrevista lo transmite claramente, y quiero compartirlo con vosotros.

«Estuve nueve meses de gira, llevábamos cinco obras y cada día hacíamos una»

Amparo, tú estudiaste solfeo, piano, canto, danza…has estado en la RESAD, lo tenías bien claro desde pequeñita ¿verdad?

No, no te creas. Yo fui una mala estudiante, e ingresé en la RESAD porque tenía una voz muy bonita. Mi padre era periodista, trabajaba en RNE, y él quería que su hija trabajase como locutora en la emisora. Tuve la suerte de contar con profesores como Mercedes Prendes y Manuel Dicenta, de quien aprendí a decir el verso entro otras muchas cosas.

Un día, se encontraron casualmente en la radio mi padre y Manuel Dicenta. Lógicamente le preguntó sobre mi rendimiento en las clases, y le contó maravillas sobre mi talento como actriz. Ese día mi padre volvió feliz a casa tras saber que su hija valía para algo. Podríamos decir que, justo en ese momento, los míos comenzaron a tener fe en mí. Terminé los tres años de la Resad, y después hice también dirección escénica…

¡Y danza!

Bueno, lo de la danza lo empecé a hacer de pequeña por un motivo médico. Me diagnosticaron tuberculosis ósea cuando en realidad no me sucedía nada. Así que tuve que llevar una escayola en la pierna durante dos años. Después, mi madre me cambió de médico, y fue el doctor Zúmel quien descubrió que el diagnóstico había sido erróneo. Entonces, me recomendó que desarrollase los músculos que se me habían atrofiado tras llevar la escayola, y mi madre me inscribió en la Academia de Miss Karen (Karen Taft). Así fue cómo empecé.

Imagino que los actores que hacéis esta disciplina, adquirís una mayor seguridad a la hora de pisar y colocaros en un escenario, ¿es así?

Es distinto. La seguridad sobre un escenario te la da el pisar un escenario. Al acabar la RESAD, tuve la suerte de que me contratara José Tamayo. Estuve nueve meses de gira, llevábamos cinco obras y cada día hacíamos una. Yo trabajaba en cuatro, haciendo papeles principales y tres protagonistas.

«Hay muchos grandes del cine que no quieren hacer teatro, y por eso no son menos actores»

¿No os volvíais locos?

No, era maravilloso y muy duro. Viajabas por la noche, podías llegar al destino a las 3 de la mañana, y debías buscarte alojamiento con la maleta a cuestas. Recuerdo haber actuado en teatros que en realidad eran cines. En muchos de los pueblos nunca habían ido a ver una función, y te podías encontrar las instalaciones en condiciones pésimas.

Me dijo Nuria Gallardo, que echaba de menos las giras de antes porque entonces se hacía familia…

Yo creo que ahora también se hace. Siempre he tenido la sensación de familia estando en una compañía, y me he apenado con la última función. La verdad, siempre he tenido la suerte de llevarme bien con casi todo el mundo.

Amparo, muchos de tus compañeros me han dicho que un actor no está completo si no hace teatro ¿estás de acuerdo?

Sí, pero es una visión muy particular. No puedo negar que hay muchos grandes del cine que no quieren hacer teatro, y por eso no son menos actores que nosotros. Comprendo que ese mismo actor puede darme ciento y raya en una pantalla. Un actor, es actor siempre.

«Tengo un 80% de técnica, y un 20% de frescura»

¿Has tenido que interpretar alguna vez un personaje en el que no creías?

No, me he enfrentado a personajes que no me gustaban porque el texto era una castaña. Entonces, me he buscado la manera de sacar algo positivo del papel. Recuerdo haber llamado una vez a un director porque estaba desesperada, el texto era horrible. El director consiguió tranquilizarme cuando me explicó cómo iba a enfocar el personaje. La verdad es que fue un alivio, porque aquella compañía me gustaba mucho.

Amparo, ¿es cierto que se siente tanto la energía del público en el teatro como se dice?

Sí, la energía del público te influye mucho sobre el escenario. Es decir, te influye siempre y cuando tengas ese tipo de sensibilidad. Hay cierto tipo de actores, a los que llamo oficinistas, que hacen lo que han ensayado en casa y nada más. Son muy respetables, pero eso en mí no funciona. Yo tengo un 80% de técnica, y un 20% de frescura.

José Luis García Pérez me dijo que el teatro no era repetición sino evolución, imagino que estás de acuerdo…

Por supuesto. Desde el primer día al último, la función va remodelándose. Cuando tengo en la cabeza un personaje, suelo ir vampirizando gestos y maneras de la gente que observo en la calle o en mi entorno. Los pruebo en escena, y si no funcionan los quito. El teatro va enriqueciéndote cada día, y si luego tienes un director inteligente y sensible que te ayude, es ya una maravilla.

«La obra más dura que he hecho, posiblemente sea “La cabra” «

¿En alguna ocasión un personaje te ha tocado emocionalmente más de la cuenta?

Representando la obra “El malentendido”, llegó un momento en el que Albert Camus y su existencialismo se apoderó de nosotros. Decidimos quedar a cenar un día, para reír y charlar. El personaje estaba pudiendo conmigo.

¿Quizás es la obra más dura que has hecho?

Es bastante dura. Aunque la obra más dura que he hecho posiblemente sea “La cabra” con mi admirado José María Pou, tenía un personaje maravilloso que escribió Albee a los 80 años. Ella descubre que su marido tiene como amante a una cabra, la cual le está dando la ternura que le falta. Entonces mi personaje enloquece. Este es el papel más bestia que he hecho, y mira que he interpretado tragedias griegas.

Antes de terminar la entrevista me gustaría saciar una curiosidad personal, ¿ hacer doblaje es tan complicado como parece?

Es otra técnica. Me encanta hacerlo, y lo que intento siempre es imitar al muñeco. Me metí en el doblaje, porque cuando hice “La hija del mar” había tal oleaje que no se escuchaba bien mi voz. Entonces tuvimos que doblarlo. Lo hice perfecto, y el director de doblaje me dió una carta de recomendación para que me presentara a unos estudios de doblaje. Me llamaron una semana después. Lo primero que doblé fue “La fuga de Logan”, una película que me resultó muy interesante.

Antes de…

Antes de que llegase el bicho invasor, Amparo Pamplona me dijo que en abril se estrenaría en TVE la seie HIT. El protagonista es Daniel Grao, y ella interpreta a su madre: una fotógrafa internacional de éxito. Me contó, que entre madre e hijo existe una relación difícil. Amparo interpreta a una mujer fría y dura, a la que le cuesta expresar sus sentimientos y comprender las decisiones de su hijo. Me temo que tendremos que esperar varios meses para disfrutar de ella.

Abrazos cariñosos, y salud para todos.

Susana Alba Montalbano - Escritora y articulista en gabinetedepsicologia.com. Amo el arte, los artistas y que me leas tú.

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