Soy leyenda...

Gregory Peck, el verdadero hombre tranquilo

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Si la bondad tuviera rostro, sería el de Gregory Peck. Siempre estuvo del lado del débil. Protestó cuando reinaba el funesto macartismo, y no dudó en oponerse a la guerra de Vietnam. Dedicó gran parte de su tiempo a labores humanitarias, y también apoyó cuanto pudo el fomento de la lectura. La vida le hirió de muerte cuando su hijo mayor se suicidó en 1975, una tragedia que jamás pudo superar. 

En su día, muchos le catalogaron como un actor limitado aunque muy sólido en sus interpretaciones. No estoy en absoluto de acuerdo. Fue un actor sobrio, capaz de muchos registros pero de una manera muy sutil. Era uno de esos intérpretes a los que no les hacía falta ni mucho maquillaje ni hacer excesivas muecas para transmitir cada sentimiento por los que atravesaba el personaje. Sus miradas eran cruciales. 

Ejemplos claros de su versatilidad interpretativa son: “Vacaciones en Roma” (1953, Wyler), “Matar a un ruiseñor” (1962, Mulligan) y “Los niños del Brasil” (1978, Schaffner). Se mueve como pez en el agua tanto en comedia como en drama. No me digáis que no es terrorífico interpretando al siniestro Josef Mengele. Y simplemente con esa mirada crucial, era capaz de hacerte sentir miedo o ternura. Algo que solo consiguen los actores que realizan un gran trabajo psicológico de los personajes que interpretan.

Gregory Peck es un artista irrepetible, lo mismo que Cary Grant. Único en su época y en las venideras. Una auténtica leyenda , y por lo tanto, inmortal.

Susana Alba Montalbano - Escritora y articulista en psicologodecabecera.com. Amo el arte, los artistas y que me leas tú.

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