Soy leyenda...

Anthony Quinn, el primer Oscar hispano

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Anthony Quinn nació en plena revolución zapatista. Eran años convulsos en México. Su padre, de origen irlandés, combatió en contra del dictador Huerta junto a Pancho Villa. Entre escaramuza y escaramuza conoció a la que sería madre de Anthony, una joven de origen azteca. Cuando tuvieron a su hijo, decidieron trasladarse a los Estados Unidos. Su situación era de extrema pobreza, y Quinn comenzó a trabajar con cinco añitos.

De Texas marcharon a California, y años después a Los Ángeles. En 1926 murió su padre, el actor lo adoraba y se sumió en una gran tristeza durante mucho tiempo. Eso no impidió que se buscase la vida ejerciendo mil oficios. Incluso llegó a dibujar retratos de las estrellas cinematográficas de la época y se los enviaba. Solo le respondió Douglas Fairbanks, que le envió 10 dólares como agradecimiento.

A los 17 años se casó con una mujer de 34. Ella le ayudó a adquirir una mayor cultura y a refinar sus modales. Comenzó a estudiar dicción, arte dramático y arquitectura. Tenía talento para convertirse en un buen arquitecto, pero él decidió decantarse por la interpretación. Mae West y John Barrymore le ayudaron a introducirse en el mundo del cine. Comenzó como extra y fue poco a poco escalando peldaños.

Anthiny Quinn.
El actor Anthony Quinn.

Tras conocer a la hija de Cecil B. De Mille, decidió divorciarse de su primera esposa y casarse con ella. Esto no le ayudó en absoluto a conseguir mejores papeles, ya que De Mille le despreciaba por su origen humilde. Su carrera cinematográfica continuó consolidándose, aunque estaba encasillado en personajes rudos y un tanto pendencieros. Sin embargo, muy pronto recibiría la recompensa a su constancia. En 1952, fue galardonado con el Oscar al mejor actor secundario por su interpretación de Eufemiano Zapata en el film “¡Viva Zapata!” de Kazan. Esto no evitó que continuara encasillado.

Poco después viajó a Italia. Afortunadamente se encontró con Fellini, quien supo sacarle todo el jugo a su talento con “La strada”. Tras esta película, Quinn comenzó a recibir papeles de mayor peso… aunque nunca dejó de estar encasillado. En 1956, volvió a ganar el Oscar interpretando a Gauguin en “El loco del pelo rojo” de Minelli. Su presencia en el film sólo duraba 8 minutos.

Anthony Quinn.

La década de los 60 fue muy fructífera para el actor, trabajó en grandes títulos como “La hora 25” (1967, Verneuil), “Las sandalias del pescador” (1968, Anderson ) o “Zorba, el griego” (1964, Cacoyannis), por esta última recibió una nueva nominación al Oscar pero no consiguió alzarse con él. En los 60 también se produjeron cambios en su vida privada, ya que interpretando a Barrabás se enamoró y casó con una ayudante de vestuario italiana. No sería la última vez que pasó por el altar. En 1997 contrajo matrimonio con su secretaria treintañera. Por aquel entonces contaba con 82 años y tuvo con ella dos hijos. Realmente Anthony no se hizo el flojo con ninguna de sus mujeres, ya que llegó a tener 12 retoños.

Entre los 80 y 90 trabajó en títulos de menor relevancia, quizás la más destacable sea “Revenge” (1990, Scott) . Como era un hombre de grandes talentos, se dedicó más a pintar, esculpir y diseñar joyas. Artes que no se le daban nada mal y con las que ganó mucho dinero. Murió con 86 años, rodeado del amor de todos sus hijos.

Anthony Quinn.

Susana Alba Montalbano - Escritora y articulista en psicologodecabecera.com. Amo el arte, los artistas y que me leas tú.

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