Soy leyenda...

Yul Brynner, calvo por exigencias del guion

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Yul Brynner nació en la Rusia de 1920. Su padre era ingeniero, y por tanto, viajaba mucho por motivos de trabajo. En uno de esos viajes se enamoró locamente de una actriz rusa. Así que se olvidó de que tenía familia y no volvió nunca más al hogar. Marusia, la madre, decidió instalarse en China junto a sus dos hijos. 

En 1932, la tensión entre China y Japón era evidente así que decidieron marcharse a París ante el temor de que estallase una guerra. Marusia quiso que su hijo estudiase en una escuela de élite, pero Yul se sentía más atraído por el mundo del espectáculo y comenzó a cantar canciones rusas en clubs nocturnos. 

Cuando Marusia enfermó, Yul decidió que era un buen momento para que ambos se trasladaran a los Estados Unidos. Su hermana Vera ya llevaba un tiempo en Nueva York. Yul Brynner no hablaba ni papa de inglés, pero eso no le acobardó y decidió marcharse a Connecticut a estudiar interpretación con un profesor ruso.

 Empezó haciendo pequeños papeles en Broadway hasta que en 1951 fue elegido para protagonizar la obra “El rey y yo”. La diseñadora de vestuario de la obra sugirió que Yul se rapase el cabello para que su personaje fuese más creíble. A Yul no le hacía ninguna gracia aparecer calvo en su primera obra protagonista, pero finalmente se dejó convencer. La obra fue todo un éxito, y él no solo llamó la atención por su talento, sino también por su exótica apariencia. A partir de entonces, aparecer con la cabeza más pelada que un balón de playa fue su sello personal. Se convirtió en el objeto del deseo del público. Todos suspiraban por él. 

Su conversión a estrella de Hollywood llegó en 1956, cuando volvió a interpretar una vez más al rey de Siam junto a Deborah Kerr en “El rey y yo” de Walter Lang. No solo fue un éxito de taquilla, sino que también consiguió el Oscar. Las ofertas para trabajar en el cine se le multiplicaron. En la mayoría de sus películas interpretaba a personajes orientales, egipcios, rusos… Y creo recordar, que únicamente aparecía con pelo en dos: “Salomón y la reina de Saba” (1959, Vidor) y “El ruido y la furia” (1959, Ritt).

Además de actor, Yul también era fotògrafo. Siempre estaba con cámara en mano y no paraba de fotografiar todo aquello que le resultase interesante. Tras su muerte, su hija Victoria publicó un libro con todas las fotos que había hecho su padre. Eran recuerdos familiares, rodajes, y de cuando colaboró como asesor de refugiados en la ONU.

La música también le apasionaba. Tocaba la guitarra o la balalaika mientras entonaba canciones gitanas. Hablando de gitanos, él se sintió unido a ellos desde muy joven. Aunque su madre no era zíngara como intentó hacer creer en alguna ocasión. Era tan cercano al pueblo romaní, que fue nombrado presidente honorífico vitalicio de la Unión Romaní. 

En cuanto a su vida personal, se casó en cuatro ocasiones y fue padre de cinco retoños. También tuvo un tórrido romance con Marlene Dietrich, y es que no había hombre o mujer sexi que se le escapara a la alemana. 

Yul Brynner, como bien sabéis, fumaba como si no hubiera un mañana. De hecho, cuentan que se metía entre pecho y espalda hasta cinco paquetes diarios. Lamentablemente, el actor murió a causa de su tabaquismo a la edad de 65 años. Poco antes de morir, concedió una entrevista hablando de su deseo de grabar un anuncio contra el tabaquismo en el que dijese: «Ahora que me fui, te digo: no fumes». La Asociación Americana contra el Cáncer, utilizó este clip de la entrevista para concienciar sobre los efectos letales del tabaco. Magnífico Yul Brynner, un verdadero y auténtico magnífico.


Susana Alba Montalbano - Escritora y articulista en psicologodecabecera.com. Amo el arte, los artistas y que me leas tú.

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