Soy leyenda...

Melina Mercouri, la diosa griega

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Melina Mercouri nació en la maravillosa Atenas un 18 de octubre de 1920. Su familia era acomodada, la mayoría se dedicaba a la política y también se movían como pez en el agua en ambientes culturales. Melina lo fue absorbiendo todo como una esponja, y no tardó mucho en decidir que deseaba convertirse en artista. La familia no se lo tomó demasiado bien, excepto su abuelo, quién la apoyó en todo momento. Melina se casó por primera vez a los 17 años. Él era un rico terrateniente griego, y la ayudó en el sueño de ser actriz pagando sus primeros años de estudios. Mercouri tenía claro su objetivo y luchó con uñas y dientes hasta alcanzarlo.

Empezó trabajando en el teatro, y en 1952 dio el salto al cine con el film “Stella” dirigido por Michael Cacoyannis. La película fue un éxito en Cannes aunque no se alzase con el galardón. Durante el Festival de Cannes, conoció al que se convertiría en su próximo esposo: el director Jules Dassin. En 1960 rodó junto a Dassin la conocida película “Nunca en domingo”, con la que fue nominada al Oscar y consiguió la Palma de Cannes. Con Dassin hizo maravillas como “Fedra” o “Topkapi”. 

En 1967, protagonizó en Broadway el musical Illya Darling. Fue allí donde se enteró que su amada Grecia había sido víctima de un golpe de estado. Se exilió a Francia, y decidió implicarse hasta la médula en una serie de protestas internacionales para lograr que la democracia volviese a su país. El gobierno griego le retiró la nacionalidad. Además, empezó a hacer que corriese el rumor de que Mercouri en realidad trabajaba para los comunistas. No contentos con eso, intentaron asesinarla en tres ocasiones. 

El 26 de julio de 1974, Melina volvía a Grecia tras el fin de la dictadura. No pudo evitar la emoción y rompió a llorar en cuanto pisó su amada tierra. En 1978 realizaría su última película en el cine, “Grito de mujer”, también dirigida por Dassin. Desde ese momento se dedicaría más de lleno a la política. Perteneció al PASOK (Movimiento Socialista Panhelénico), y en 1981 el presidente Papandreu la nombró ministra de cultura. A partir de ese momento, conseguir que los mármoles del Partenón, robados por el conde Elguin a principios del XIX, volvieran a Grecia se convirtió en su gran objetivo. Lo luchó cuanto pudo, pero se murió sin conseguirlo. 

Su adiós…

Un 6 de marzo de 1994, Melina cerraba los ojos para siempre en un hospital de Nueva York. Era una fumadora empedernida, y eso acabó con ella. Su cuerpo fue trasladado a Atenas, donde fue honrada con un funeral multitudinario. El pueblo lanzaba pétalos de rosas y también depositaba tabaco en el féretro. Antes de enterrarla, su marido pidió ver por última vez a Melina. Le dio un beso y colocó junto a ella un vestido rojo de terciopelo. En Broadway, los teatros y tiendas se mantuvieron cerrados durante el funeral. 

Tras su muerte, se creó la Fundación Melina Mercouri para conseguir lo que tanto deseaba la actriz: la vuelta de los mármoles al Partenón. En una ocasión Melina dijo: “No sé cuándo volverán. Puede que no esté viva para entonces, pero cuando lo hagan yo renaceré”.

Susana Alba Montalbano - Escritora y articulista en psicologodecabecera.com. Amo el arte, los artistas y que me leas tú.

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