Soy leyenda...

James Stewart, el buen americano

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James Stewart vino al mundo en mayo de 1908. Abrió los ojos en Indiana, en el seno de una familia presbiteriana de costumbres muy austeras. Era el mayor, así que tenía que dar ejemplo a sus hermanas pequeñas. Siempre fue un hijo ejemplar que seguía a rajatabla los deseos y consejos de su padre. Era un buen estudiante, con un millón de actividades extraescolares que le otorgaban una estupenda reputación de cara a los compañeros y profesores. 

Después del instituto quiso matricularse en la academia militar para ser piloto, pero su padre le dijo que mejor fuese a la universidad de Princeton y obedeció. Allí estudió arquitectura, y también comenzó a sentirse seducido por la interpretación en los grupos de teatro y música de la universidad. Cuando terminó la carrera, debido a la depresión económica mundial le fue imposible encontrar trabajo como arquitecto. Su padre le pidió que se encargase del negocio familiar, una ferretería, pero el hijo perfecto se negó a cumplir los deseos de su padre por primera vez.

En 1932 se mudó a Nueva York con la meta de convertirse en actor. Había conocido en un grupo de actores aficionados a Henry Fonda, y como ambos habían congeniado, decidieron compartir piso en la gran manzana. El primer papel de James en Broadway no tenía más de tres líneas, pero el público no podía evitar fijarse en él y aplaudirle espontáneamente. Tras un par de años duros, el éxito llegó para la pareja de amigos. Primero alcanzó la meta Fonda consiguiendo un contrato en la metro, y después se fijaron en James. Su amigo Henry siempre estuvo ahí para ayudarle a moverse como pez en el agua en los estudios de cine.

Compañeros de juerga

Durante un tiempo, Henry y James vivieron la vida loca. Fonda era el fiestero, aquel que siempre arrastraba a su tímido amigo a pasar noches de risa y alcohol junto a mujeres. Sin embargo, James siempre intentó ser comedido. Prefería quedarse tranquilo en casa, y tampoco era un depredador sexual. Se cuenta que normalmente heredaba las novias de Henry, quienes acudían a él en busca de consuelo cuando las abandonaba. Joan Crawford dijo una vez que la mirada tímida de James conseguía derretirla por dentro. Además, era un hombre de modales exquisitos y caballeroso.

Henry Fonda y James Stewart.

Se dice que en la Metro existía un burdel, en cual fue creado con la intención de controlar los excesos de sus estrellas más populares. Además, les servía para conocer si eran o no homosexuales y así de paso tener información comprometida suya para extorsionarlos si era necesario.

A los actores jóvenes como James prácticamente se les obligaba a asistir en cuanto firmaban contrato. En una ocasión dijo Stewart : «Se oye mucho eso de que los viejos magnates de la industria eran unos tiranos, y los estudios, factorías casi esclavistas. Pero la Metro era un lugar maravilloso donde mis jefes tomaban todas las decisiones en mi nombre».

Llega el éxito

El primer papel importante le llegaría en 1936 con “Después del hombre delgado”, dirigida por Van Dyke. Todo un éxito de taquilla y público. En el 39 se le presentó la gran oportunidad de sustituir a Gary Cooper en “Caballero sin espada” de Capra, y en el 40 conseguiría su único Oscar por la mítica “Historias de Filadelfia”. Su padre continuaba muy disgustado con él a pesar de sus éxitos cinematográficos, así que decidió enviarle el Oscar para iniciar un acercamiento que fue bien recibido.

Poco después Estados Unidos se involucra en la II Guerra Mundial y James no duda en alistarse, aunque en un primer momento no lo consigue. El actor mide casi 2 metros y pesa 65 kg, así que tras el reconocimiento médico de rigor el ejército lo rechaza por estar demasiado flaco. Stewart no se da por vencido y decide comer como un poseso hasta llegar al peso requerido y poderse enrolar. Lo consiguió. Llegó a coronel en tan solo cuatro años, y bombardeó ciudades como Bremen o Berlín. Algunos biógrafos dicen que su experiencia bélica le traumatizó e hizo que viviese un tanto atormentado. Sin embargo, durante la guerra de Vietnam pidió poder participar en una misión a bordo de un B-52, así que dudo mucho de que existiese tal trauma.

Después de la guerra, pudimos disfrutar de más facetas suyas como actor. De la mano de Hitchcock, le vimos como un personaje un tanto oscuro en “Vértigo”, en “La ventana indiscreta” nos maravilló aunque se mantuviese clavado a una silla de ruedas toda la película y en “La soga” nos mantuvo con la boca abierta cuando empezaba a sospechar del asesinato que habían cometido dos de sus alumnos. El western tampoco se le dió mal, como demostró en “Winchester 73” de la mano de Mann. En 1962 protagonizó una de las películas más maravillosas de la historia del cine : “El hombre que mató a Liberty Valance”. Una joya de Ford, protagonizada por John Wayne, James Stewart, Vera Miles, Lee Marvin y Edmond O’Brien. Aunque yo pondría la única pega de que Stewart siempre me pareció demasiado mayor para el papel.

No podemos olvidar la divertida “Club social Cheyenne”, dirigida por Gene Kelly en 1970. James y Henry Fonda están en su salsa. Hacen interpretaciones muy divertidas, con una química muy especial gracias a la amistad que les unió hasta la muerte de Henry. Ambos, en una ocasión estuvieron cerca de liarse a tortas cuando eran jóvenes al discutir sobre política. Para evitar acabar con su amistad, decidieron que nunca más hablarían sobre ese tema. Y lo cumplieron hasta que la señora con la guadaña los separó.

Esposo y padre ejemplar

Gary Cooper y su mujer, le presentaron en 1949 a la que sería su única esposa: Gloria Hatrick McLean. Con ella vivió durante 42 años y tuvieron dos hijas. Gloria venía de un matrimonio anterior, y ya tenía otros dos hijos a los que el actor no tuvo problema en aceptarlos como propios. 

Intentó tener una vida familiar lo más normal posible. Disfrutaban de grandes comodidades pero nunca de excentricidades. Stewart quiso continuar con el estilo de vida austero presbiteriano que sus padres le inculcaron. Cuando murió su mujer, James decidió aislarse del mundo todo lo que pudo. Solo tenía contacto con sus hijos y los amigos más íntimos. Tres años después, se reuniría con su esposa Gloria.

Siempre fue un hombre muy respetado con un gran prestigio. Durante la guerra, sus subordinados siempre le recordaron como una persona muy amable y también muy firme. Hubo una parte de la crítica que le consideraba un actor con pocos recursos que siempre hacía de sí mismo. Más o menos lo que se dice aquí sobre Antonio Resines. Stewart, un tanto cansado de oír la misma crítica, respondió en una entrevista: «Soy James Stewart y hago de James Stewart, no pueden pedirme grandes interpretaciones, sólo hago variaciones de mí mismo».

James Stewart.

Susana Alba Montalbano - Escritora y articulista en psicologodecabecera.com. Amo el arte, los artistas y que me leas tú.

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